Capellanía

Vestir al desnudo - Perdonar las ofensas

De regreso de las vacaciones damos gracias a Dios porque un buen grupo de alumnas y exalumnas del Colegio pudieron participar de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, junto al Papa Francisco y unos dos millones de jóvenes de todo el mundo. Recemos por los frutos de este gran encuentro, que muestra a la Iglesia viva y llena de deseo de evangelizar.

En la carta de este mes queremos considerar, para llevarlas a nuestra vida personal y familiar, dos obras de misericordia: vestir al desnudo y perdonar las ofensas.

 
 

Por Pbro. Jorge Fraile

Vestir al desnudo
Vestir al desnudo
Perdonar al que nos ofende
Perdonar al que nos ofende
 

Vestir al desnudo: cuando Jesús nace, nos cuenta el Evangelio que "fue envuelto en pañales" ¡Qué gesto tan familiar y humano el de vestir y abrigar al bebe que nace, que Dios hecho hombre también recibió de su Madre la Virgen María! En cambio, antes de ser crucificado, lo despojaron de sus vestiduras: murió desnudo. Cuántas personas necesitan abrigo y vestimenta, para afrontar el frío en el invierno y vivir una vida digna, y el recuerdo de Jesús nos anima a ser generosos, desprendiéndonos de lo que utilizamos poco o no usamos para darlo a los que lo necesitan de verdad. Nos viene bien repasar nuestra habitación y dar lo que podamos (ropa, abrigo, zapatos o zapatillas, etc) a quienes no tienen, experimentando lo que dijo Jesús: "hay más alegría en dar que en recibir".

Perdonar las ofensas: de Dios, que siempre nos perdona, aprendemos nosotros a perdonar. Jesús nos enseña a lo largo de su vida y, especialmente, en su Pasión y muerte, a perdonar, incluso a quién nos hace mucho daño. El perdón en, en cierto modo, un acto divino y gratuito, que concedemos por amor a Dios y a quién nos ha ofendido. Tenemos que aprender a perdonar y a pedir perdón en las cosas pequeñas diarias y en las grandes. Acercarnos al Sacramento de la Reconciliación con frecuencia nos ayuda, al experimentar la infinita Misericordia de Dios que se vuelca en nosotros, a ser también misericordiosos y perdonar de verdad, sin quedarnos con rencores o distanciados. Dios me perdona siempre, y yo ¿estoy siempre dispuesto a perdonar? Esto es especialmente importante en el matrimonio y la familia, que es una escuela de amor donde el perdón no puede faltar.

No olvidemos que en el centro de este mes, el 15 de agosto, celebramos la Asunción de la Virgen María, fiesta de precepto que nos llena de la esperanza del Cielo.

 

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