Capellanía

Alimentar Cuerpo y Alma

En este Año Santo, desde Capellanía nos irán ayudando a profundizar en las Obras de Misericordia. En este mes, consideramos: "Dar de comer al hambriento" y "Enseñar al que no sabe".

 

Dar de comer al hambriento
Dar de comer al hambriento
Enseñar al que no sabe
Enseñar al que no sabe
 

Por P. Jorge Fraile

En mayo nos proponemos reflexionar y vivir, tal como nos sugiere el Papa Francisco, estas dos obras de Misericordia. Ante todo, abrimos el Evangelio, y vemos a Jesús que multiplica los panes y los peces para saciar el hambre de la multitud que lo sigue, después de haber dicho a sus discípulos "denles ustedes de comer". En otra ocasión, padeciendo Él hambre después de cuarenta días de ayuno en el desierto, cuando el demonio lo tienta, lo rechaza diciendo "no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Son dos escenas que nos muestran el corazón misericordioso del Señor, que, en este año de la Misericordia, queremos que sea también el nuestro.

No podemos resolver desde nuestro hogar la tragedia del hambre en el mundo, pero si podemos percibir con mayor sensibilidad y generosidad que cerca nuestro hay personas que no tienen lo necesario para comer. Esto nos lleva a agradecer y a cuidar nuestro pan diario, evitando desperdiciar o tirar la comida, aprendiendo desde chicos a comer lo que nos dan sin caprichos, a compartir en familia los alimentos bendiciéndolos, y evitando gastos innecesarios. A la vez, podemos añadir a nuestra compra habitualmente algún alimento imperecedero que podamos entregar, colaborar dentro de nuestras posibilidades en iniciativas que favorecen la nutrición infantil, ayudar a alguna familia que pasa necesidad con alimentos, asegurar que quienes trabajan para nosotros tengan lo necesario, etc. Podemos plantearnos este mes un compromiso concreto.

Pero no sólo de pan vivimos, sino que también debemos comprometernos enseñando al que no sabe, en primer lugar la fe. El Papa Francisco decía que la mayor carencia que tienen las personas pobres muchas veces es la atención y formación espiritual. En muchas parroquias faltan catequistas para niños y adultos, matrimonios preparados para la formación de novios y prematrimonial, jóvenes que impulsen la formación cristiana de otros jóvenes: he aquí algunas formas concretas de asumir la misericordia de enseñar y transmitir la fe. Y también lo que podamos aportar -especialmente nuestro tiempo-, en otras formas de enseñar: apoyo escolar de niños, educación de madres, actividades deportivas y formativas de chicos, etc. También consiguiendo libros y material didáctico. Son sólo algunos modos de comprometernos en enseñar al que no sabe.

Procuremos, personalmente y en familia, vivir, con la ayuda de la Virgen María en el mes de mayo estas obras de misericordia. 

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